Mi vida como vertedero de esperma 4
Publicado 02/11/2021
No esperé a convertirme en la árabe pijamera del barrio para ser una auténtica adicta al sexo. Siempre he mirado las entrepiernas de los hombres en el metro o por la calle, imaginando que los bultos que veo son para mí, que voy a hacerlos crecer, tragármelos enteros y hacer que se corran... y eso me excita. A veces los chicos se dan cuenta de mi jueguecito. Pero desde que empecé a follar anónimamente en casa, el juego ha subido de nivel: porque hay tíos en el barrio que me "conocen"... o se corre la voz. Así que ahora, cuando voy por ahí mirando la entrepierna de todos los tíos, cada vez es más frecuente que uno de ellos me eche una mirada cómplice, se toque furtivamente la polla o, mejor aún, me excite y me atraiga.
La primera vez, estaba en la cola del autobús. Había estado mirando discretamente al árabe guapísimo que tenía al lado, un bruto peludo, musculoso, con grandes bíceps de obrero, vaqueros desgastados y un paquete sólido. Un tipo macizo, como a mí me gustan. Subo al autobús, con el equipaje lleno, por supuesto, y siento el cuerpo del tipo apretándose contra el mío, empezando a amasarme el culo. Le dejo, empujo el culo hacia atrás; me pone muy caliente, meto la mano por detrás y le acaricio la polla. Apretada pero prometedora. Me doy media vuelta y le digo: "Me voy pronto", él me contesta: "Yo también, me voy a casa". Suerte: bajamos juntos del autobús, me dice "sígueme", en un tono que no deja lugar a discusiones. Acabamos en un sótano, se pone muy mandón, me dice "vas a ser mi puta, de rodillas, ven a chupársela a tu amo". Trabajo su cabeza pero él agarra la mía y me taladra la garganta sin piedad. Me agarro a sus muslos poderosos, a sus pantorrillas musculosas, me emborracho con su pelo almizclado, y cuando finge soltarme la boca un momento para que pueda respirar, le susurro "más". Porque, de verdad, un hombre que toma así las riendas me pone aún más cachonda y chupo aún más fuerte. Me dirige la cabeza tirándome del pelo, me duele un poco pero me encanta sentir su cabeza pasar por mi garganta y su polla palpitando hasta el orgasmo. Me llena bien, y me dice "eres realmente demasiado buena, debería haberte follado a ti también, pero en vez de eso voy a hacerte un regalo". Y entonces, saca de detrás del sofá un consolador de buenas dimensiones, con el que me trabaja el culo suavemente al principio, mientras me masajea el culo y la espalda con lubricante. Estoy toda pegajosa y bien abierta, me corro en el suelo sin siquiera tocarme. Me dice: "Una vez vine a vaciarme a tu casa de forma anónima, pero es mucho mejor cuando me miras con esa carita de zorra hambrienta que tienes"... Le lamo la polla una vez más para asegurarme de que se va a casa bien limpio.