Gay Bareback Slut Story - Garage Fuck & Stairwell Load
Publicado 23/10/2024
Vuelvo para contarte la segunda parte de aquella noche salvaje. Mi cuerpo seguía caliente, mi culo estirado y usado, mi cabeza zumbando de placer. Ya me habían follado crudamente antes, pero de alguna manera mi agujero seguía hambriento. Llegué a casa pensando que me calmaría, pero no, mi mentalidad de zorra seguía viva. No quería romanticismo ni ternura. Quería una polla cruda, sucia y dura.
Volví a conectarme a Internet con uno de mis perfiles de zorra habituales: sumisa, zorra, agujero, vertedero de semen. Algunos querían follarme enseguida, otros me llamaban "nido de ETS". No sabían que me hago las pruebas y que tomo la PrEP. Chateo con todos hasta que veo un mensaje de un tío con el que ya me había enrollado una vez. Llamémosle Miguel. Tiene una polla enorme, de unos 15 cm de grosor y 15 cm de largo, y recuerdo lo bien que me la folló la última vez. Me propuso una cita a las 11:30 de la noche en su garaje, a 20 km de distancia.
Al principio dijo que estaba muy cansado, pero la zorra que había en mí no dejó pasar la oportunidad. Se lo supliqué: "Quiero que me folles otra vez, que acumules tu semen sobre la carga que ya tengo". Eso le despertó. De repente estaba listo y esperando.
Así que conduje hasta su garaje. La misma situación: él en el sofá, yo de rodillas entre sus piernas, chupándosela con virilidad. Mi reputación está en juego: ¿cuánto tardaré en ponérsela dura? Su polla tiene una especie de cresta en el centro, como un anillo incorporado. Cada embestida me estira y me vuelve a apretar, una y otra vez, y me hace gemir como una zorra. Mi cabeza sigue xxxxndo contra el sofá, babeo, jadeo, me encanta cada segundo.
Me folla sin parar durante 20 minutos seguidos, sin parar de xxxxr, con mi agujero apretado apretando cada vez esa gruesa cresta. Pienso en el toro negro que me ha llenado antes y ahora Miguel me está echando más semen. Esta noche mi culo está recibiendo una paliza, pero me encanta. Por fin empuja hasta el fondo y descarga otra gruesa carga dentro de mí. Me corro por el culo, el cerebro me explota de placer de puta.
Apenas nos despedimos. En 30 segundos estoy de vuelta en el coche, con el agujero chorreando y sintiéndome como la zorra que sé que soy.
Pero la noche no había terminado. A las 3 de la madrugada, mi teléfono suena: es el toro negro de antes. Ha vuelto de fiesta, vadio y cachondo, y quiere volver a verme. Me lo dice directamente: "Ven a mi casa, zorra. Nos vemos en la escalera. Ahora eres mía".
No pude resistirme. Se me revolvió el estómago de excitación. Me aseé rápidamente y conduje hasta allí. Abrió la puerta, me condujo directamente a la escalera, me inclinó sobre los escalones y alineó su gruesa polla negra. Me la metió cruda, áspera, y mi agujero gritó pero suplicó más.
Me folló duro en las escaleras, llamándome su puta blanca, su corrida. Mi cabeza rebotaba en los peldaños y mi cuerpo se balanceaba con cada embestida. Gemí, le supliqué que terminara, que me llenara de nuevo. Y cuando por fin explotó, sentí cómo me inundaba oleada tras oleada de esperma caliente, más que la primera vez.
Nos subimos la ropa, sin charlar. Cuando llegué a casa, vi que ya había dejado un comentario en mi perfil: "Una auténtica zorra. Vino corriendo a las 3 de la mañana para cogerme la polla otra vez. Un agujero de zorra perfecto".
Aquella noche fue una locura. Dos toros, tres cargas, un culo. Y sí, la historia no ha terminado todavía.