Tengo la costumbre de ir al gimnasio a clases colectivas muy intensas. La primera vez que fui, no estaba preparada para lo que me esperaba. Muchos chicos, pero me digo que son todos heterosexuales.
Normalmente, cuando entreno en el gimnasio voy al vestuario principal y las duchas son individuales. Eso no me ha impedido disfrutar de los bultos de los chicos árabes en calzoncillos que salen de la ducha sin pudor. Sorpresa: cuando voy a las clases colectivas de abajo, las duchas son comunitarias.
La primera vez que participo en la sesión, después se duchan todos los chicos que hicieron la clase en grupo. Pienso, joder, se me va a poner dura sólo de verlos enjabonarse la polla y el culo; seguro que se dan cuenta de que me están excitando con sus cuerpos y sus cabezones. Observo discretamente sus pollas que me excitan incluso cuando están flácidas.
Unos días más tarde, me conecto a unitedmen y sorpresa: uno de los chicos del gimnasio, un árabe guapo de 27 años con un buen equipo, está en línea. No me lo puedo creer y no me atrevo a ir a hablar con él por miedo a que me delate.
En la siguiente clase, nos duchamos como de costumbre, salvo que él está hablando con el entrenador y aprovecho para escuchar los consejos que le pide. Nos seguimos hasta los vestuarios y no hay nadie más. Me apresuro a entrar en la ducha y él se une a mí.
Le veo insistir en su entrepierna mientras me lanza una mirada perversa. Lo peor de todo es que tiene los huevos grandes y bien hinchados. Sin pensárselo dos veces me hace una señal y me acerco a él. Me pone de rodillas y me mete su gran polla hasta el fondo de la garganta y me encanta.
Me dice: "Sabía que te gustaban las pollas árabes grandes" y "Venga, date el gusto". Se la escurro como una perra y desde entonces es nuestro pequeño ritual.