Historias de sexo

Historias sexuales escritas por clientes.

Los repartidores frigoríficos
Publicado 16/12/2024
Ayer fue un día de descanso. Me despierto suavemente. Abro un ojo. Mi hombre me presenta su polla para que se la chupe. Hago mi trabajo con deleite. Me da la vuelta, lubrica mi agujero y su polla. Se desliza dentro de mí, me muele, me destroza. No tarda en correrse. Un besito, un gracias y se va a trabajar.

Hoy he tenido que tomarme el día libre porque nos van a entregar el frigorífico nuevo con la instalación en el apartamento. Me levanto, me pongo un jersey y me dirijo a la cocina a tomar un café. Aprovecho para despejar espacio para el nuevo frigorífico.

Suena el timbre. "Hola, ¿Sr. xxxx? Venimos a entregarle un frigorífico". Me quedo sin palabras. Estoy prácticamente desnudo en calzoncillos delante de dos preciosos repartidores árabes, altos, delgados y bien musculados. Todavía tengo dentro el jugo de mi hombre. Me doy cuenta de la situación y me ruborizo.

Yo: "Entra, me vestiré rápido y te enseñaré dónde instalarlo".

Voy corriendo al dormitorio y cojo los primeros joggers que encuentro. Por supuesto, es el par que es una talla más grande. Así que se me sigue cayendo del culo y el elástico del calzoncillo queda bien visible.

Me reúno con los repartidores y les muestro dónde instalarlo. Vuelven a la furgoneta y regresan con la nevera. Les indican que la desembalen para instalarla.

Les observo trabajar, me quedo mirando.

"¡Maldita sea, hace mucho calor aquí!"

Los dos repartidores se quitan las chaquetas. Llevan camisetas de tirantes. El calor sube viendo todos esos músculos.

Yo: "Lo siento, me gusta caliente".

"Nos hemos dado cuenta".

Instalan la nevera. Les ofrezco un café, una cerveza, un vaso de agua, una Coca-Cola. Aceptan encantados. Uno de los repartidores pregunta si puede usar el baño. Le acompaño al baño y vuelvo con su colega. Le miro de pies a cabeza.

Me detengo en su entrepierna. Veo una de esas pollas duras a un lado y perfectamente perfilada por sus joggers. El repartidor me mira a los ojos, se mira la polla, me vuelve a mirar a los ojos. Sin mediar palabra me pongo de rodillas frente a él, le saco la polla y me la trago. Me sujeta la cabeza. Marca el ritmo de la mamada y me la mete hasta la garganta. Su mano derecha baja hasta mi culo. Un dedo recorre mi agujero aún lubricado por el semen de mi hombre.

"Pequeña zorra, ya te han follado esta mañana".

"Mmm sí".

"¡Joder chicos, qué estáis haciendo!"

Su colega ha vuelto del baño.

"Me estoy tomando mi descanso. O te lo tomas conmigo o me esperas en la furgoneta."

Con esas palabras, se saca la polla y me la da a chupar.

"¡Joder, qué chupapollas!".

Su colega me baja los joggers. Me los quito y me quedo a cuatro patas. Se pone detrás de mí, escupe sobre su polla y me la mete hasta el fondo en el culo. Gimo.

"Este culo es tan bueno. Mejor que un coño, bien estirado, la zorra".

Literalmente me destroza el culo. Su colega, mientras tanto, está destruyendo mi boca. También quiere mi culo y cambian de sitio. Mi culo recibe su polla con hambre.

Los dos colegas me follan la boca y el culo por turnos y terminan corriéndose en mi cara. Se visten.

"Gracias tío por la propina", y se van.

Recibo un mensaje de mi hombre. "¿Estuvo bien? ¿Te follaron bien? Lo vi todo en las cámaras de vigilancia".

"¡Claro que sí, me encantó y quiero más!"

"¡Zorra, quieres un día de follar, lo vas a tener!"
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