Empecé temprano a querer dar a mis agujeros
Publicado 30/12/2024
Siempre he querido regalar mis agujeros, incluso desde joven. Cuando tenía 18 años, salía a hurtadillas del cuarto de baño por la noche con ropa de correr, pantalones cortos y zapatillas deportivas, sin nada debajo. Una pareja gay vivía a 100 metros de mí. Todos los viernes, después de las once de la noche, llamaba al timbre y les decía lo que quería: "Buenas noches, me gustaría chupar una polla y que me follaran". Pero nunca abrían. Olfatea.
El fin de semana de mi 19 cumpleaños, decidí pasar a la acción. Fui a un sex shop a comprar un consolador y dos películas porno gay. El dueño me puso en una cabina, empezó la película y se fue... con la llave. Treinta minutos después, estoy desnuda, chupando el consolador, lista para metérmelo, cuando vuelve. Abre la puerta y dice: "¿Quieres polla, zorra? Me di cuenta enseguida de que habías venido a que te follaran".
Se saca la polla y me dice que se la chupe. No espero a que termine la frase para metérmela en la boca. En 5 minutos, recibo mi primera dosis de semen caliente, tragado hasta la última gota. Se va, vuelve más tarde, me encuentra aún desnuda y me dice: "Ahora te voy a follar el culo". Rápidamente me prueba con un dedo y luego me folla de una sola vez. Me corrí en cuanto me penetró, sin siquiera tocarme.
Me folla como un cerdo y me vacía hasta el fondo. Era un turco de 57 años. Cuando se fue, sólo dijo: "Hasta pronto, zorra".