Djamel, mi jefe - 1
Publicado 10/02/2025
Hola chicos, esto pasó hace unos meses después de mi historia de Angoulême. Un amigo reconoció mi número, me llamó para hablar de ello y quedamos a las 11 de la mañana en un bar/tabac del Boulevard Jean Moulin de Clermont-Ferrand. Nos tomamos un café, nos sentamos en la terracita y, sin rodeos, me pregunta si soy yo quien escribe esas historias. Miro hacia abajo y admito que soy yo. Cambiamos de tema, charlamos durante media hora y nos vamos. Pero me invita a su casa esa noche para "hablar más". A las cinco de la tarde, recibo un mensaje de Djamel con su dirección, diciéndome que vaya a las ocho, con una nota vaga: "Ven a las ocho, como te sientas más cómoda". Para mí, ser una zorra sexy es mi rollo, pero ¿qué va a pensar? Me pongo mis nuevos leggings beige, un tanga negro, una camiseta negra y mi chaqueta de fitness.
Llego a su casa, llamo al interfono y digo: "Soy yo". Me dice: "Último piso, puerta 51". Me espera, me deja entrar y nos tumbamos en su sofá. Me pregunta cuánto hace que soy "marica". Le digo que me gusta el sexo, las pollas. Se ríe y dice: "Sobre todo las pollas cortadas". Entonces se quita el chándal, saca una polla gruesa, medio dura. "Enséñame lo que tienes". Me arrodillo, empiezo a chuparle, a lamerle los huevos. Cada vez es más grande, más difícil de aguantar, pero él se vuelve dominante y me obliga a chupársela hasta el fondo. Lucho, me dan arcadas, pero él es salvaje, va más fuerte, sin piedad. "Te encantan las pollas árabes, deberías habérmelo dicho antes, yo me ocuparé de ti". Sigue xxxxndo mi garganta, estoy babeando como loca. Me la mete toda, la saca, me arranca los leggings y el tanga, me empuja al sofá. Estoy de espaldas, con las piernas en alto, mientras él alinea su polla empapada de saliva contra mi agujero y me la clava. "Sucia zorra, voy a entrenarte, a destrozarte el culo". Me insulta, me escupe en la cara, y luego me mete cinco o seis gruesos golpes en el culo. Vuelve a meterme la polla en la boca para otra garganta profunda, corriéndose directamente en mi garganta.
Una vez relajado, Djamel me dice que ya no soy su amigo, que ahora soy su zorra y que le pertenezco. Me dice que me vaya y que vuelva mañana a las 11. Le digo que no estoy segura. Pum, me abofetea con virilidad, casi me tumba. "Vendrás mañana a las 11, ¿entendido?". "Sí, Djamel, allí estaré". Jaja, soy suyo.