Historias de sexo

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Thierry, de 50 años, convertido en el sumiso de la polla egipcia de Amir
Publicado 22/02/2025
Me llamo Thierry, 50 años, pelo blanco perfecto, siempre impecable en mi piso pijo del 11º. Cuido mi cuerpo y mis trajes son de lujo. Ese verano, mis paredes pedían pintura, pero no tenía ganas, así que puse un anuncio. Ahí apareció Amir, un egipcio de 23 años, estudiante en París, puro músculo.

Cuando abrió la puerta, flipé: alto, piel morena, hombros de boxeador, bíceps marcados bajo una camiseta sucia. Cara de hombre, pelo negro rapado, ojos oscuros que te clavan. Apenas hablaba francés: «¿Yo Amir, pintura, sí?» dijo con voz grave. Asentí, ya empalmado solo de mirarlo.

Dos días pintó en casa. Lo espiaba desde el salón: torso fuerte, culo redondo en vaqueros gastados, sudor en el cuello. Callado, discreto, pero su aire de macho hetero me ponía a mil. Fantaseaba con su paquete mientras lo veía trabajar.

El segundo día terminó, le pagué y me soltó: «Yo sucio, ducha, ¿vale?» Dije sí, con la garganta seca. El agua sonaba y yo imaginaba su cuerpo bajo el chorro. Volvió con una toalla, torso desnudo, abdominales duros, agua chorreando por su piel. Un dios egipcio.

Me miró, sonrió y dejó caer la toalla. Su polla, gorda y tiesa, estaba ahí. «¿Tú… chupar?» dijo, directo. Ese hetero quería vaciarse, y yo era su herramienta. Me arrodillé, tragándome su verga caliente y salada. Gruñó, me agarró el pelo y me folló la boca. Sus huevos chocaban contra mi barbilla, y me encantaba. Eyaculó rápido, un chorro caliente que tragué entero.

«Domingo, yo volver», dijo mientras se vestía, su culo perfecto en los vaqueros. Asentí, enganchado.

Desde entonces, cada domingo es igual. Amir llega, puro macho en ropa ajustada que huele a testosterona. Le hago comida sencilla, como tajín, y comemos callados. Habla poco, solo para practicar francés, pero no me importa. No viene a charlar. Después, se tira en el sofá, abre las piernas y baja el pantalón. Su polla, medio dura, lista para descargar. «Chúpame», gruñe. Me lanzo, la chupo como loco, él me sujeta la cabeza y se pajea en mi boca. Eyacula fuerte, un río de semen que me trago entero. Se va sin decir nada.

Vuelve por eso: vaciarse rápido, sin rollos. Soy su desahogo, y joder, me flipa. Cada domingo espero su timbre, listo para su dosis de hombría cruda.
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43577 UniversBlack The Supper