Historias de sexo

Historias sexuales escritas por clientes.

La polla de 22cm del matón Sofiane me convierte en su zorra obediente
Publicado 27/02/2025
Hace tiempo que me convertí en el juguete de Sofiane, un auténtico malote de los proyectos. Alto, fornido, con una mirada que te clava y una polla de 22 cm, gruesa como mi muñeca. Nos conocimos en una página de contactos una noche en la que me moría de hambre. Le envié un mensaje rápido: "Chico discreto, que le gusten los tíos dominantes, dispuesto a todo con un hombre de verdad". Me contestó rápidamente con una foto: unos joggers grises, con la capucha puesta y la polla tiesa asomando por la cintura. "¿Dónde estás? Lo quiero ahora. Te presentas desnudo, con la capucha puesta, arrodillado junto a la puerta".

Veinte minutos después, aparece. Abro la puerta, temblando de excitación, con la capucha bajada como me ordenó. Entra, deja caer la mochila y me da una patada en las costillas, no demasiado fuerte, lo justo para demostrar quién manda. "Ojos abajo, cabrón". Obedezco. Saca un cigarro, lo enciende y me echa una nube de humo a la cara. "Aspíralo, te pondrá las pilas". Lo chupo hasta el fondo, me pica, pero me anima. Entonces deja caer sus joggers, se quita sus mugrientas zapatillas y dice: "Lámelas, hazme sentir como si fueras mi zorra". Me quedo paralizada un segundo -son asquerosos-, pero su mirada me aplasta, así que arrastro la lengua por el cuero gastado y los limpio. Le encanta; veo cómo se le hincha la polla en el bóxer.

Luego me pone a cuatro patas en el sofá, me arranca la sudadera y me pone los calzoncillos sudados bajo la nariz. "Huele fuerte, es el olor de tu jefe". Inhalo, totalmente colocada por su olor a hombre. Por fin saca su bestia, me xxxx la cara un par de veces y gruñe: "Ábrete bien, me la estás metiendo hasta los huevos". Forcejeo -me llena todo-, pero me agarra del pelo y me empuja hacia abajo hasta que babeo como un chucho. Gime: "Eres mi zorra, ¿verdad? Dilo". Ahogo un "Sí, jefe" entre empujones.

Al cabo de un rato, me da la vuelta, me xxxx el estómago contra el respaldo del sofá y me penetra el culo sin previo aviso. Grito y él se ríe: "Cállate, te has apuntado a esto". Me taladra como un martillo neumático, con las manos alrededor de la garganta. Cuando está a punto, me saca, me pone de rodillas y me riega la cara con chorros calientes. Me trago lo que puedo; el resto gotea. Se sube los joggers, me acaricia la mejilla y me dice: "Estás encerrado, cabrón. Volveré cuando quiera". Ahora se pasa por aquí siempre que está cachondo y yo espero sus órdenes como un buen perro.
Advertisement
UniversBlack : Sodomie alphamales