Historias de sexo

Historias sexuales escritas por clientes.

Enganche en el sótano: Three Bad Twinks Took Me Raw in the Parking Lot"
Publicado 11/03/2025
Estaba mirando perfiles en Unitedmen cuando me topé con este tipo. Un rollo callejero que me excitó al instante: chándal gris, zapatillas blancas, torso rasgado en su foto. Me manda un mensaje enseguida:
"Estoy muy cachondo, necesito follarme un agujero. ¿Te apuntas?"

Me pone a mil, pero hay una pega: no puede ser anfitrión y tampoco puede ir muy lejos. Le sugiero algo al aire libre. Me contesta:
"Ven al aparcamiento subterráneo bajo mi edificio, nivel -2. No puedo estar fuera mucho tiempo".

Estoy un poco nerviosa: los garajes subterráneos no son precisamente los lugares más seguros, pero el riesgo me la pone dura. Le digo:
"Me apunto".

Me animo, me meto una botella de popss en el bolsillo y me dirijo hacia allí. El lugar es un bloque de viviendas de aspecto tosco en las afueras: hormigón por todas partes, ambiente pesado. Me espera fuera, apoyado en una pared, con un cigarrillo en la mano.

Y maldita sea, está bueno. Alto, bronceado, barba bien recortada, sudadera con capucha, ojos que te atraviesan. Sólo con mirarle ya estoy sudando. Me hace un gesto con la cabeza, como diciendo "sígueme", y bajamos por la apestosa escalera hasta el sótano. Luces parpadeantes, suelo húmedo, ese crudo olor urbano. Encontramos un sitio escondido detrás de un pilar.

Me mira y me dice:
"De rodillas. Chúpamela".

Me dejo caer inmediatamente. Se baja el chándal y saca una polla gruesa, dura y con olor a hombre. La rodeo con los labios, acariciándola con la lengua, mientras él me agarra el culo por encima de los calzoncillos. Estoy ardiendo, así que me quito la camiseta y me bajo los calzoncillos hasta los tobillos, aún en bóxers.

Gruñe:
"Eres una putilla en toda regla, ¿eh?".

Me escupe en el agujero, me aparta los bóxers y empieza a frotarme la polla entre las nalgas. Le doy una calada a los popss -la cabeza me da vueltas- y me desnudo por completo, con la ropa amontonada sobre el sucio cemento.

Apoya su polla en mi agujero, caliente y pesada, y empieza a presionar. Siento cómo mi culo se estira, se abre. Me escuece un poco, pero me siento tan bien. Intento no gemir, el eco del aparcamiento lo hace todo más fuerte.

Me agarra de las caderas y me penetra más. Le susurro:
"Hazlo, fóllame fuerte".

Es todo lo que necesita. Se abalanza sobre mí, sus caderas xxxxn mi culo, su polla me penetra profundamente. Estoy volando... los popss, la suciedad, su polla... es demasiado bueno. Me siento como su juguete.

Y de repente, voces. Pasos resonando en el garaje. Se asusta, se saca la polla -dejándome con la boca abierta- y sale corriendo, a medio vestir.

Me quedo allí, con el culo ardiendo, buscando mi ropa, cuando entran dos siluetas.

Dos tipos de la zona, con chándal, gorra y toda la energía de los chicos malos. Me miran de arriba abajo, sonriendo:
"Vaya, vaya... ¿una zorrita merodeando por aquí? Quédate ahí, no has terminado".

Todavía medio empalmado y sonrojado, no me muevo. Me vuelvo a desnudar. Ellos sacan sus pollas, gruesas, marrones, ya duras. Me arrodillo, me meto una en la boca, ancha y llena, mientras el otro me da una palmada en el culo y desliza un dedo en mi agujero, que aún no he usado. Gimo, ahogada por la polla.

Entonces el segundo se coloca detrás de mí, escupe sobre su polla y empuja. Sin previo aviso. Sin pausa. Me folla duro mientras su amigo me folla por la cara. Estoy atrapada en medio, con sus manos sobre mí, y disfrutando cada segundo.

Después de un rato, cambian. El que me folló la boca ahora me coge el culo. Es aún más duro, me penetra profundamente, mientras el otro me mete la polla hasta la garganta. Soy su juguete, me utilizan, me poseen, y joder, es perfecto.

Después de diez minutos de follar sin parar, el primero gime y se vacía dentro de mí, hasta el fondo. Su amigo vuelve a tomar el relevo, empujando hasta correrse también, llenándome por completo.

Mi agujero palpita con las cargas de los dos, que gotean por mis muslos. Se suben la cremallera y me guiñan un ojo:
"Has estado bien. Vuelve cuando quieras".

Me vuelvo a poner la ropa, sin aliento, con el cuerpo temblando, totalmente agotada, pero completamente satisfecha.

Cuando vuelvo a subir, suena mi teléfono. Es un mensaje del primer tipo:
"Siento la interrupción".
Sonrío y respondo:
"No te preocupes, igual me han follado bien".

Conduzco a casa, con el agujero destrozado, ya empalmado otra vez pensando en la próxima vez.
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