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Mi antiguo compañero de instituto me folló como una auténtica zorra
Publicado 17/04/2025
Un día, estaba locamente caliente.
Como temblando de necesidad. Necesitaba que me destrozaran, sin hacer preguntas.

Estaba navegando por ese infame sitio amarillo sobre negro, buscando algo desagradable, cuando me encontré con un perfil que me llamó la atención al instante:

"8 pulgadas duras. Listo para drenar".

Sin foto. Sólo la biografía.
Le envié un mensaje de inmediato y empezamos a chatear. Me contó en qué estaba metido, qué le gustaba hacer. Congeniamos al instante.

Luego me envió una foto.

Y me quedé helada.

Le reconocí inmediatamente: un antiguo compañero del instituto. El mismo tipo al que solía mirar en secreto durante la clase de gimnasia, al que nunca pensé que vería desnudo... y aquí estaba, totalmente empalmado, musculoso y mirando directamente a la cámara como si fuera mi dueño.

Le dije:
"Hermano... nos conocemos. Fuimos juntos al instituto".

Me contestó:
"¿No me digas? Envíame tu foto".

Así lo hice.

¿Su siguiente mensaje?
"No me importa. Ven a encargarte de esta polla. Aquí está la dirección".

erección instantánea.
Me puse algo de ropa y corrí hacia allí.

Cuando llegué, me abrió la puerta completamente desnudo.
No llevaba nada puesto, salvo aquella polla gruesa y dura como una roca que me apuntaba directamente, con las pelotas llenas y pesadas. Ni siquiera me saludó.

Me arrodillé.

Empecé a chuparla profundamente. La cabeza húmeda, descuidada, estirando la garganta. Le lamí los huevos como una buena putita, chorreando saliva, con la nariz pegada a su pubis. Gimió y me agarró la cabeza, follándome la cara como si lo hubiera hecho mil veces.

Luego me tiró hacia abajo, me inclinó sobre el suelo y me la metió.
Sin avisar. Sólo una penetración completa y profunda.
Y joder, lo necesitaba.

Me penetró durante 30 minutos.
Sin pausas. Sin piedad.
Me tomó como la zorra que soy: me dio la vuelta, me golpeó con más virilidad, me dio palmadas en el culo, me tiró del pelo y me susurró guarradas al oído.

Gemí, gimoteé, pedí más.

Me folló a lo misionero, a lo perrito, de lado, en todas las posiciones. Como en un rodaje porno sin cámara ni guión.

Y cuando estuvo listo para correrse, me puso de rodillas, me apuntó con su polla a la cara y se corrió.
Cinco o seis chorros de semen caliente me salpicaron los ojos, los labios, las mejillas.
Lo lamí todo. Se la chupé hasta que se ablandó en mi boca.

No dijimos mucho después. Sólo una mirada - como, sí, eso acaba de suceder.

Pero no fue la última vez.

Nos volvimos a ver.
Y otra vez.

Pero eso... lo dejaré para la próxima vez 😈.
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