Follada por una pandilla en un aparcamiento
Publicado 04/05/2025
Fue la semana pasada. El calor era intenso todo el día, y por la noche estaba chorreando lujuria. Entré en la aplicación como una auténtica zorra en celo. Un chico me llama, sin foto, sin biografía, solo "24".
Me dice:
"¿Quieres ser la sumisa?"
Le respondo: "Sí".
Me dice un lugar: Aubervilliers, cerca de una oficina de correos, junto a un edificio alto. Llego allí y le digo que he llegado. Baja. Un tipo alto, corpulento, de aspecto marroquí, limpio y frío, me coge y me lleva directamente al aparcamiento subterráneo. No hay tiempo para hablar.
Me venda los ojos, me tira en un colchón. Me arranca la ropa. Oigo voces, muchas voces. Unos diez tipos. Hablan en árabe. No entiendo, pero tengo la polla dura como una piedra.
De repente, me dan palmadas en el culo, me escupen, se ríen. Uno me mete la polla en la boca, luego otro, y otro. Se la chupo como la sucia zorra que soy. Su sudor, sus palabras, sus pollas... estoy enganchado.
Entonces siento una cabeza gorda frotándose contra mi agujero. Sin previo aviso. Me la mete hasta el fondo. Grito, pero joder, me siento demasiado bien.
Gruñe:
"¿Te gusta, zorra?"
Gimo: "¡Sí, por favor!".
Me penetra con virilidad, áspero, crudo. Luego otro toma el relevo. Luego otro. Pierdo la cuenta. No soy más que un agujero para esta pandilla de árabes alfa.
Al final, todos me cubren, uno tras otro, marcando su territorio.
Salgo usada, chorreando, temblando... y pidiendo más.