Fuego en el agujero
Publicado 26/09/2025
El aire está cargado de tensión eléctrica en este club de sexo, escondido en un callejón oscuro. Léo, en la treintena, un gatito con un culo abultado que asoma por su suspensorio negro bajo unos vaqueros rotos, está en modo cazador pasivo. Esta noche quiere que le follen, sentir cómo una polla hace mella en él. Las luces rojas de neón brillan en las paredes húmedas, el techno sacude el suelo y los gemidos en el laberinto de agujeros de gloria le hacen entrar en trance.
Léo recorre los pasillos sintiendo las miradas de los tíos que le miran el culo. Le encanta este juego. Divisa una cabina, un glory hole con un gran agujero, perfecto para lo que quiere. Se desliza, de rodillas, con el corazón latiéndole a cien por hora. Su cara está a cinco centímetros del agujero, sus ojos escudriñando las sombras. "Vamos, dame tu polla, hazme amarla", susurra, su voz ronca, ya dura.
Se acercan pasos pesados, una cremallera desciende con un ruido sordo. Entonces, zas, una polla enorme sale por el agujero: grande, tiesa como el hierro, venosa a morir, con un vellocino negro bien recortado y un glande rosado y reluciente, hinchado como si fuera a tirarse un pxxo. Leo suelta un "¡Joder, ya está!" y se agacha, dispuesto a trabajar.
Por parte del desconocido: Este tipo, llamémosle X, es un activo cachondo, de los que saben lo que quieren. Siente la fría madera del glory hole contra su pelvis, pero la sangre le hierve. Su polla, dura como el cemento, palpita en el aire húmedo del club. Se asoma por el agujero, ve la sombra de Leo, ese gatito hambriento, y eso le vuelve loco. "Vamos, pequeña zorra, abre bien la boca para mí", gruñe, con su voz profunda vibrando a través de la pared. Siente cómo se le retuerce la polla cuando Leo se la toca, y un escalofrío le recorre la espina dorsal. La lengua de Leo se desliza por su glande rosado, y se siente tan jodidamente bien, caliente, húmedo, como una vaina que lo succiona. "¡Chupa más fuerte, no seas una puta tímida!", suelta, empujando su pelvis contra el agujero, saboreando la presión de la madera rozando sus caderas.
Léo, por su parte, disfruta de verdad. Lame las venas, babea sobre la polla perfecta, su boca trabaja como un profesional. "Eres enorme, joder", gruñe, respondiendo al desafío. X le oye y se burla: "No has visto el resto, ¡espera a que te folle!". Leo acelera, engullendo la polla hasta la garganta, su mano se desliza por sus vaqueros para liberar su culo, listo para lo que viene a continuación.
X, sensaciones crudas: cada caricia de la lengua de Léo provoca sacudidas en todo su cuerpo, su polla es tan sensible que tiene que contenerse para no gemir enseguida. Siente la boca de Leo, cálida y apretada, que le succiona como una aspiradora. "Joder, qué bueno eres, sigue así, trágatelo todo", exclama con voz ronca, casi como una orden. Empuja con más virilidad contra el agujero, la madera le araña la piel, pero no le importa, lo único que quiere es introducir más la polla, sentir cómo le envuelve el calor. Se le crispan las pelotas, se le eriza el vello y gruñe: "¿Estás lista para que te folle, zorra? Enséñame ese culo".
Leo, en modo zorra, se endereza, se baja los vaqueros y el suspensorio, ofreciendo su culo abultado al agujero. "¡Fóllame, vamos, hazme gritar!", dice provocativamente. X, al otro lado, siente su sangre latir aún más fuerte. Alinea su polla, el glande rosa deslizándose contra la entrada de Leo, y empuja con virilidad. La sensación es inmediata: su glande, el culo de Leo succionándolo, apretado, ardiente, perfecto. "Joder, estás muy apretado, te voy a dilatar", gruñe X, con las caderas xxxxndo la madera. Cada embestida es una descarga, su polla entra y sale de ese calor apretado, y siente las paredes de Leo contraerse, volviéndolo loco. "Tómalo, zorra, te gusta que te llenen, ¿verdad?", le dice con la voz empapada de sudor y deseo.
Leo grita de placer, su culo arde, cada embestida le hace temblar. "Fóllame más fuerte", grita extasiado. En cuanto a X, está en otro mundo: su polla palpita, las venas a punto de estallar, el glande rosado xxxxndo justo en el punto exacto. Siente que su orgasmo aumenta, que sus cojones se tensan, y suelta un "¡Voy a correrme, tómalo todo, zorra!" antes de explotar, su cuerpo se estremece, su polla lo vierte todo dentro de Leo. En el mismo momento, Leo también se corre, con un grito ronco y el culo apretando la polla de X como una mordaza.
X, después: jadea, la polla aún sensible, palpitante en el vacío del agujero. Siente el sudor correr por su frente, la madera del glory hole marcada por sus empujones. "Eres una zorra del demonio", murmura, sonriendo satisfecho, antes de subirse los pantalones y desaparecer entre las sombras.
Leo, por su parte, se queda sin aliento, con el culo aún vibrando y una sonrisa de victoria. "Joder, esa polla...", brama, ya listo para ir a por la siguiente.