Mi vecino marroquí casado
Publicado 01/01/2026
Soy un joven estudiante que todavía vive con sus padres. Acabo de cumplir 20 años, soy moreno, con ojos marrones y una complexión normal. Ya he tenido algunos encuentros discretos con árabes, sobre todo en el gimnasio, muy a escondidas, en las duchas.
Hace ya algunos meses, mis vecinos mayores se mudaron y una familia marroquí se instaló en su lugar. Tienen tres hijos de entre 3 y 10 años. La madre debe rondar la treintena y el padre está a finales de los treinta. Rara vez están en casa entre semana, salvo cuando teletrabajan. Como también me gustan los daddies, el padre es la combinación perfecta: daddy + árabe.
A veces lo veo en el jardín cuando hace barbacoas en verano. Por desgracia, siempre lleva ropa amplia, así que no puedo fijarme bien en su cuerpo. Parece estar bien hecho y tener unos brazos musculosos cuando lleva camiseta. Sin embargo, la parte que más miro son sus pies. Siempre va en chanclas, descalzo. Debe calzar un 45 o incluso un 46, tiene unos pies grandes y macizos.
Ya me he masturbado varias veces pensando en él, imaginándolo apoyando sus pies bien olorosos sobre mi cara. Además, su habitación está al lado de la mía, así que oigo todo. Lo más excitante fue por la noche, cuando follaron hacia la una de la madrugada… no podía concentrarme en mis estudios. No se oía muy fuerte, pero pegando casi la oreja a la pared, escuchaba algunos gemidos. No podía evitar imaginarme en el lugar de la mujer… una pasada total.
Ya había tenido ocasión de hablar con el padre dos veces. La primera fue cuando celebraron el Eid. Llamó a mi puerta para darnos pasteles y hablamos un poco de lo que yo hacía y de lo que él hacía. No sentí una tensión especial, aunque estando frente a él me habría gustado arrodillarme y chupársela.
La segunda vez fue cuando quiso que cuidara a sus hijos durante una hora, porque él y su mujer tenían que ir a algún sitio. Me sorprendió que confiara tanto en mí con tan poca interacción previa. Pero fue el momento de ver su casa. En ese momento no lo asumí del todo, pero la verdad es que me da un poco de vergüenza haber husmeado en su habitación… eso no se hace.
Al final no encontré nada sexual, ni siquiera un solo condón… me decepcionó. Pero había una tablet en la mesilla, la del padre. La encendí y me sorprendió ver que no tenía ningún tipo de seguridad. Abrí el navegador y revisé el historial. ¡Ahí me quedé en shock! Aparecían títulos como “Arab dom fucks his slave” o “Sirviente blanco a los pies del amo”. Era porno gay.
Mi vecino fantasea con la dominación árabe. ¡Yo estaba en el paraíso! Si supiera lo que podría hacerle… También revisé su Twitter (ya sabemos) y vi que usaba dos cuentas: una normal y otra donde seguía cuentas directamente MNWO. Ya no podía verlo de la misma manera. Por fuera parece un buen padre tradicional, pero en el fondo tiene fantasías, fantasías que me excitan.
Hubo que esperar tres meses para pasar a la acción. Su mujer se fue con su empresa a los Países Bajos durante dos días, así que él se quedó solo con los niños. Una mañana los llevó en coche al colegio. Ese mismo día, el repartidor llamó a mi puerta. Yo estaba solo en casa. Me entregó un paquete de mi vecino, que no respondía. Le dije que no había problema, que podía recogerlo yo. El paquete era pesado y lo arrastramos entre los dos hasta mi casa.
Le envié un mensaje a mi vecino para avisarle de la llegada del paquete (me había dado su número cuando hice de niñera para él). En cuanto regresó, llamó a mi puerta para recogerlo. Le dije que le ayudaría a llevarlo a su casa. Salimos de la mía para entrar en la suya. Antes de subir, insistió en que nos quitáramos los zapatos en el recibidor. Al quitarse los suyos, vi que estaba descalzo… ni siquiera llevaba calcetines.
Obviamente, ya me estaba imaginando mil cosas y mi polla empezó a reaccionar poco a poco… intenté que no se notara mi excitación. Subiendo las escaleras casi se me cae el paquete, seguramente porque estaba nervioso. El vecino se asustó y finalmente el paquete cayó sobre su pie.
Cuando entramos en el salón, se sentó y miró su pie. Los dedos estaban un poco hinchados. Le pregunté si tenía hielo y me dijo que cogiera del congelador. Lo hice y al volver él estaba tumbado en el sofá, con los pies bien al aire. Coloqué el hielo sobre sus dedos y esperé.
No paraba de mover los dedos por el frío, pero a mí eso me excitaba muchísimo. Además, podía sentir un ligero olor que salía de sus pies. Pensando en sus fantasías, me dije que él también debía encontrar la situación excitante: un joven blanco sosteniendo hielo sobre sus pies… solo faltaba que me acercara y los lamiera… pero no me atrevía.
Le pregunté si estaba bien. Me dijo que ya no sentía los dedos. Fue entonces cuando, en broma, le dije que yo, en cambio, los sentía muy bien. Se rió y luego me dijo, un poco más serio: “Si quieres, puedes sentirlos más de cerca”.
¡Era la oportunidad que estaba esperando! Yo no me atrevía a dar el paso, así que fue él quien lo dio. Pero yo no me movía. ¿Era demasiado bueno para ser verdad? Dio un segundo paso cruzando las piernas; su otro pie me rozaba y quedó a unos cuarenta centímetros de mi cara.
Entonces acerqué la nariz para oler su pie. Era exactamente el olor que había imaginado. Lo miré y me sonrió. Acerqué la boca y entonces me dijo: “Eso es, lame mi pie, puta”. Saqué la lengua y empecé a saborear. ¡Placer total!
Dejé el hielo a un lado y empecé a chupar su otro pie. ¡Los dedos estaban helados! Era como lamer un helado. “Eso es, caliéntame los dedos”. Empezó a tocarse y luego me ordenó que me desnudara por completo. Obedecí y él se sentó. Chasqueó los dedos hacia sus pies, me arrodillé y los lamí en el suelo. Empezó a darme palmadas en el culo con la mano, golpes fuertes.
Luego me ordenó subir. Me golpeó la cara y yo saqué la lengua como una perra. Me agarró del pelo y hundió mi cara contra su miembro aún escondido en el pantalón. Pero esta vez ya podía ver la forma: parecía bien gruesa. La chupé y volvió a darme golpes en el culo con los pies.
Le bajé el pantalón y el calzoncillo y por fin vi al monstruo… su polla estaba medio dura y ya debía medir unos 16 cm. Empecé a darle besos y a lamerla a lo largo. La polla se movía sola hasta ponerse completamente dura. “Vamos, chupa, perra sucia, te encanta”.
Me la metí entera y me hizo buenas gargantas profundas… nunca había babeado tanto. No me lo esperaba, pero a él también debía encantarle, porque se corrió demasiado rápido en mi boca. Sacó la polla rápido para terminar de correrse en mi cara. Se disculpó por no haber aguantado más, pero a mí me dio muchísimo placer haber probado su semen. No había ningún problema.
Entonces pasó su polla por mi cara para recoger el semen y hacer que me lo tragara. Después volví a sus pies para seguir lamiéndolos. Me limpió la cara frotándola con sus pies. Me dijo que fuera a lavarme la cara al baño y que me fuera, porque tenía que ponerse a teletrabajar. Le dije que si necesitaba desahogarse otra vez durante el trabajo, podía contactarme.
Al volver a casa, todavía tenía el olor de sus pies en mis narices… placer absoluto. Tengo muchas ganas de las próximas sesiones.