Marc Humper, incluso en bata de laboratorio, sigue siendo el imán absoluto de la ciudad. Nada más llegar a la consulta del médico, se presentan dos pistoleros encapuchados dispuestos a darle caña. No hay necesidad de consulta: la receta es clara, una dosis doble de enorme polla norteafricana, directa y sin moderación. Con la garganta llena, las órdenes bajas y calientes, Marc saborea cada centímetro como un campeón. Luego, los dos jefes toman el relevo: se turnan para follarle profundo, duro, implacable. Él aguanta, le encanta, quiere más. El tratamiento final: una generosa y abrasadora carga de semen en la cara del médico superestrella. Fiebre curada, paciente satisfecho, leyenda confirmada.