Cuando Kais desvela su monumental calibre (grande, venoso, elegantemente peludo, coronado por esos cojones pesados y perfectos), Sandro se queda helado, la boca entreabierta, los ojos brillantes de envidia... Es exactamente lo que había venido a buscar: un paleto dominante y ultraequipado capaz de colmarle en un solo gesto. Sandro se arrodilla, admira y luego se lanza con una avidez insana: garganta profunda, ojos de cierva, saliva goteante, honra cada centímetro como una obra de arte.Kais saborea esta adoración silenciosa, deja que el placer dure, luego decide que el culito de Sandro merece el mismo tratamiento real. Lo gira, lo penetra lenta y profundamente, con la seguridad que lo hace todo... Dos hermosos chicos en perfecta armonía: uno ofrece su poder, el otro recibe y celebra cada embestida. Un momento de pura alquimia Citebeur, tan hermoso como caliente.