Historias de sexo

Historias sexuales escritas por clientes.

Nordine y yo - 1
Publicado 19/03/2025
Hola, soy Rico, 25 años, un deportista de 1,90 m de estatura que se virilidadza por conseguir un puesto de aprendiz y terminar sus estudios. Estoy atrapado en los arenosos suburbios de Île-de-France, pero mi cabeza está en otra parte: soñando con bailar en los Campos Elíseos, pavoneándome por la 8ª, la 16ª, la 4ª, viviendo la gran vida. De momento, estoy encerrada en casa, trabajando en mi currículum, escribiendo cartas de presentación, investigando en Internet para prepararme para las entrevistas. Me encanta poner la baraja a mi favor, ¿me entiendes?

Lunes por la mañana. Estoy colocado en mi escritorio, con los auriculares a todo volumen con música R&B de la vieja escuela, un sonido suave que hace que se me mueva la polla mientras pienso. Estoy buscando trabajos temporales y aprendizajes, medio excitado por el ritmo, cuando suena mi teléfono. Es mi hermano mayor, con voz apresurada: "Oye, Rico, abre la puerta, mi chico se ha pasado para coger algo de dinero de mi escritorio: cinco billetes, ¿vale?". "Seguro", murmuro, arrastrándome, ya xxxo. Abro la puerta y no hay nadie. La cierro de golpe, me vuelvo a tumbar y pongo la música. El bajo me da en el clavo, me desconecta y me agita la polla mientras me machaco el cerebro con el trabajo.

Dos minutos después, el hermano vuelve a la línea: "Tío, ¿todavía no has abierto? Está esperando". Gruño: "Tranquilo, estoy en ello, estaba metido en algo". Cojo el dinero, abro la puerta de par en par... y maldita sea. Dos tíos asoman por el pasillo, ambos más altos que mi 1,90. El más grande debe medir 1,90, musculoso y sonriente: "¿Estás bien? ¿Tu hermano me ha dejado pasta?". El otro tío -ancho, ojos oscuros- me mira de pies a cabeza y me hace un gesto con la cabeza que no me xxxo en devolver. Se me acelera el pulso y la polla me tiembla con más virilidad. Me hago el tranquilo, saco los billetes del bolsillo y cuento despacio: "Uno, dos, tres... cinco". Se los doy, rozando con los dedos los suyos, y esa chispa hace que me hormigueen las pelotas. Él coge el dinero y yo cierro la puerta, pero no me muevo.

Me asomo a través del judas, con el corazón palpitando, captando sus voces graves. "Wesh, este tío es un engreído, necesita que lo suelten", gruñe el delgado, Youcef, 25 años, todo actitud. El grandullón, Nordine, 28, el chico de mi hermano, se ríe por lo bajo: "Apuesto a que está muy duro". Mi polla está dura como una roca, presionando mis vaqueros. Murmuro para mis adentros: "No saben que me la metería hasta el fondo". Nunca me han gustado las gilipolleces callejeras del barrio. Soy un lobo solitario que lee libros, pone música a todo volumen y dibuja planes de negocio para divertirse. ¿Pero ahora mismo? Estoy cachondo de cojones, imaginando a Nordine inmovilizándome, con su metro noventa poseyéndome.

Lunes por la noche. Mi hermano llega de su viaje con su chica, es muy buena, nos conocemos desde hace mucho, tenemos las mismas vibraciones de la escuela. Llama a la puerta: "Hola, Rico". "¿Qué tal? Gracias por lo de antes, pero ni siquiera has charlado con ellas, te han saludado". Sonrío: "No estaban allí por mí, hermano, yo me ocupé". ¿Qué tal el viaje? ¿Qué me conseguiste?" Siempre trae algo de sus viajes, me hace sentir la emoción. Me enseña fotos, su chica habla con mamá en la cocina antes de dejarme mi regalo. Su hermano está triunfando en seguridad, ha dejado a su equipo. Se largan y me dejan solo. Me meto en la ducha, el vapor se empaña, la mano se desliza por mis abdominales, acariciándome despacio. Todavía estoy excitado por las vibraciones de Nordine: esas manos, esa altura.

Recién salida de la ducha, le envío un mensaje a mi ligue habitual: alto, colgado, sabe cómo follar. Me muero de ganas, las pelotas pesadas, la polla goteando. Me pongo los cordones y salgo a la noche, con el camino hasta su sitio cada vez más largo. Mi mente se acelera: la sonrisa de Nordine, esa risa sucia, mi agujero deseoso de probar. La mxxxda está a punto de volverse real... Continuará.
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