Árabe Alfa Dominación: Mi polla de 8 pulgadas Rebeu es la dueña de una zorra Sub en el bosque
Publicado 25/04/2025
Yo primo, soy Malik, 27 años, árabe, con 20cm para llenar bocas, coños y culos. Los franceses fantasean con nosotros. Yo soy bisexual desde hace mucho tiempo. Uno de los chicos con los que solía jugar al fútbol los miércoles me la chupó y me ofreció su culo apretado de chico blanco y lo destrocé.
Poco antes de eso, le quité la prettyidad a una chica pija. Se comportó como una exaltada delante de sus amigas, pero una vez que mi polla estuvo dentro de ella, gritó y le encantó cada segundo. Incluso volvió durante casi un año.
La verdad es que disfruté de ambos, nunca elegí, nunca necesité hacerlo. Leo vuestras historias y me parto de risa al ver a esos francesitos gays babeando por la polla árabe. Yo digo que es natural, nosotros somos los verdaderos jefes, los alfas.
Llevo cinco años con una chica guay. Familia tranquila, casa suburbana, nada lujoso pero gente decente. Su primo de Canadá vino el verano pasado, al parecer rompió con su chica y ahora es libre de visitarla cuando quiera.
Hombre, desde el segundo que lo vi, no pude soportar al tipo. Sabelotodo, siempre sermoneando a todo el mundo, incluso sus propios padres ya no lo soportan.
Me gusta ir a correr por las mañanas antes del trabajo. Un día este tipo quiso acompañarme. Después de 100 metros, aceleré el paso sólo para alejarme de él. Pero él siguió. Tuve que decirle: "Mira, eres guay y todo eso, pero ¿puedes callarte? Estamos corriendo, disfruta del momento".
Se puso condescendiente, empezó a sermonearme. Le inmovilicé contra un árbol, le miré fijamente y le dije: "No me hables así y deja de tocarme los cojones".
Me agarró la entrepierna, me miró fijamente a los ojos y me dijo: "Prefiero vaciarlos que reventarlos".
Me despisté, miré a mi alrededor y no vi a nadie. Le empujé hacia el bosque. Retrocedió dando tumbos hasta que llegamos a un lugar tranquilo. Me bajé los calzoncillos y le dije: "Ponte a trabajar, zorra".
Me la chupó hasta que exploté en su boca y se la tragó toda. Subí la cremallera, se limpió los labios, guiñó un ojo y terminamos la carrera en silencio. No podía dejar de mirarle el culo, pensando que me encantaría destrozárselo alguna vez.
Al día siguiente, en el mismo sitio, ocurrió lo mismo. Quería chupármela otra vez, pero le enseñé quién mandaba. Después de un par de bofetadas y de enderezarlo, se dio la vuelta y me dijo: "Tranquilo, estoy apretado".
Le dije: "No te preocupes, lo arreglaré".
Le metí los dedos, escupí en su raja y en su agujero y le metí la polla hasta los huevos. Hizo un gesto de dolor y apretó los dientes, pero aguantó como todos.
Le penetré con virilidad y acabé dentro de él mientras se masturbaba y se corría en el árbol. Desde aquel día, se convirtió en mi vertedero de semen, mi perra diaria que me adoraba como a un rey.
Volvió a Canadá y nos envió fotos y mensajes. Una era sólo para mí: estaba en una fiesta, un chico norteafricano le agarraba la entrepierna por detrás, le miraba el culo. El mensaje decía: "Vosotros sí que sois los jefes".
Te lo dije.