Gay sumiso es follado por 4 granujas árabes
Publicado 29/07/2025
Todo empezó el viernes por la noche. Me pasé por casa de un amigo para pasar el rato. Cuando llegué, acababa de follar con uno de sus clientes habituales: un pelirrojo fornido, guapo y musculoso. Los tres pasamos la velada tranquilamente, charlando y riendo. Me fui a casa un poco más tarde.
Al día siguiente, recibí un mensaje. Era el paleto de ayer. Había conseguido mi número a través de mi compañero y me preguntaba si a mí también me gustaba que me follaran, y qué me gustaba en general. Le di una respuesta directa, la sensación fue buena y quedamos en vernos en mi casa esa noche.
Cuando llamó al timbre, abrí... y me llevé una sorpresa: eran cuatro. Cuatro pelirrojas, bien vestidas, viriles, con los ojos ardiendo de envidia. Rápidamente comprendí lo que iba a pasar. Les hice pasar. Intercambiamos unas palabras y enseguida me sentí a gusto. Me desnudo delante de ellos, de rodillas, dispuesto a ocuparme de sus pollas.
Me meto una en la boca, luego otra, luego otra. Paso de una a otra, sintiendo cómo se ponen duras, gruesas y venosas. Uno de los tíos se acerca, escupe en mi agujero, lo acaricia un poco y luego desliza su enorme polla dentro. Me folla con virilidad durante diez minutos. En cuanto termina, otro toma el relevo. Una cosa lleva a la otra, me pillan mientras se la chupo a otro. Se intercambian los papeles como si lo hubieran hecho toda la vida.
En un momento dado, miran mi agujero, bien abierto y dilatado. Veo que dudan un poco. Entonces les digo, en caliente:
"¡No seáis tímidos, os digo que van a entrar dos pollas!
Se miran, sonríen y se ponen manos a la obra. Dos pollas en mi culo al mismo tiempo, mientras intento chupar la tercera. Estoy en el paraíso. Los gemidos, las bofetadas, los estertores de placer resuenan por todo el apartamento.
Entonces llega el cuarto. Él también quiere. Me mete la polla, al principio suavemente... Hago una mueca, me contengo un poco, está apretada... Pero entonces me susurra al oído:
"Si entran dos, entran tres".
Le miro a los ojos, respiro hondo y le suelto. Y entonces... se desata el infierno. Mi culo se abre, se estira, se atiborra de polla. El dolor da paso rápidamente al placer animal.
Y cuando se dan cuenta de que ya no puedo más, se corren uno a uno y me bañan con su esperma caliente y espeso, por todo mi pecho, mi cara, mi lengua extendida.
Un auténtico festín. Puro placer.