Unión intensa bajo el sudor
Publicado 29/10/2025
En un loft industrial del distrito 11. Dos tipos, dos bestias: Marc, 32 años, un oso peludo con la constitución de un jugador de rugby, torso velludo, abdominales metidos bajo un grueso polar negro. Y Enzo, de 29 años, un pasivo asertivo, con un cuerpo terso y musculoso y un trasero saltarín que gritaba "tómame". Marc ya estaba desnudo, sentado en el borde de la cama king-size. Su enorme y peluda polla colgaba pesadamente entre sus muslos abiertos, una auténtica bestia de 23 cm, gruesa como una muñeca, con las venas abultadas y palpitantes. El áspero vello negro corría desde la base hasta los cojones, dos grandes pelotas, cargadas, colgando, llenas a reventar, a punto de explotar. La acarició lentamente, haciendo que se endureciera, el glande morado brillando con el pre-cum que chorreaba.Enzo, a cuatro patas sobre el colchón, encorvado como una perra en celo, presentó su gran coño. No un discreto agujero: una verdadera raja carnosa, de color rosa oscuro, ya reluciente de humedad. Sus labios internos hinchados se extendían, goteando jugo transparente por sus muslos. Ya se estaba metiendo los dedos, dos de ellos en el culo empapado, haciendo obscenos ruidos de succión. "Joder, Marc... mira lo mojado que tengo el coño para ti. Te quiere ahí dentro, con toda tu gran polla peluda". Marc gruñó y se puso de pie. Su polla se balanceaba como un péndulo, xxxxndo contra sus muslos. Escupió en su mano, cubrió su glande, y luego se pegó detrás de Enzo. Con un lento empujón, introdujo la punta en su coño abierto. Enzo aulló de placer mientras su agujero se abría como una flor, tragándose la bestia peluda centímetro a centímetro. El pelo de Marc rozaba las suaves nalgas de Enzo con cada embestida. Tómala, zorra... siente lo pesada que es, cómo te llena -rugió Marc mientras aceleraba, sus pelotas cargadas xxxxndo el culo de Enzo con cada embestida. El coño de Enzo chorreaba, mojando la cama, haciendo ruidos de succión con cada retirada. Marc se agarró a las caderas de Enzo, aporreándolo como un martillo neumático, con el coño peludo reluciente de jugos. "Voy a llenarte... voy a llenarte el coño hasta que rebose". Y explotó. Gruesos y calientes chorros inundaron las paredes de Enzo, desbordándose alrededor de la polla aún plantada. Enzo se corrió a su vez, su coño contrayéndose, ordeñando la última gota. "Segundo asalto en cinco minutos", murmuró Marc, mordisqueando la oreja de Enzo. "Tu coño aún no está lo suficientemente lleno".