Kad regresa, con las pelotas cargadas, los ojos brillantes, dispuesto a darlo y recibirlo todo, y Dereck se reúne con él en el sótano. El ambiente es eléctrico, las paredes absorben el mundo exterior. Dereck cae de rodillas, tragándose el enorme calibre de Kad con una avidez que provoca escalofríos en Kad. La mano firme de Kad guía, empuja y marca el ritmo.