Ansar, el semental argelino en llamas, sólo tiene una idea en mente: ofrecer a Byron una experiencia aún más memorable que la anterior. Byron, tan goloso y acogedor como siempre, le tiende el culo con una clara sonrisa: "Ven y enséñame lo que tienes". Ansar no lo duda. Lo da todo: ritmo profundo, golpes precisos, intensidad creciente. Byron vibra, suspira, arquea la espalda, saboreando cada centímetro y cada segundo. Entre los dos, la confianza es total, el placer multiplicado por diez. ¿Resultado? Byron se marcha con una sonrisa de oreja a oreja, y Ansar puede hinchar el pecho: el desafío se ha superado con creces, ¡Argelia ha golpeado fuerte!