Matteo Chark creía que podía soportarlo. Pero no estaba preparado para Maltos, el albañil portugués con grandes puños, grandes pelotas y una polla gorda hecha para la acción intensa. Desde el momento en que Maltos entra, sin camiseta y chorreando masculinidad, Matteo sabe que no es él quien manda. Sin palabras, sólo órdenes. El musculitos italiano se pone a cuatro patas, con el culo liso y apretado, listo para servir. Maltos empieza abriéndole bien, metiéndosela hasta el fondo, jugando duro y metiéndole el puño en ese agujero hambriento como si fuera parte del trabajo. Luego viene la polla, gruesa, pesada y empapada de semen. Maltos taladra el culo de Matteo con virilidad, sus pesadas pelotas golpean con cada embestida. Se puede oír la potencia de cada golpe, el sonido de la sumisión, la dominación y el placer en estado puro. Matteo gime, babea, y pierde el control, completamente tomado por este intenso top del sitio. Ha venido para que lo follen duro... y lo ha conseguido. Esto es lo que pasa cuando un pasivo hambriento se encuentra con un semental de la construcción con una polla que no se rinde. Sólo en Citebeur.