El mestizo, que suele ser bastante sereno, se encontró con Andolini y todo cambió en pocas palabras: esa voz profunda, esas frases precisas, esa autoridad natural. Bajó los ojos, escuchó y obedeció. Andolini le guía con una maestría cerebral fascinante: le coloca de rodillas, transforma su boca en un joyero perfecto, luego le da la vuelta y le llena lentamente, profundamente, con una potencia que hace temblar las paredes. Cuando Andolini decide concluir, lo llena generosamente, marcando su territorio con una carga cálida y abundante. El encapuchado, abrumado, saciado, no es más que un soplo tembloroso, totalmente conquistado, listo para volver a la primera llamada.Dominación verbal y física de rara elegancia, ¡firmada Andolini!