En esta pepita pura de Citebeur, el joven Bimacho encarna la belleza cruda y magnética de la ciudad. Su cuerpo está seco y esculpido, su piel mate aún está húmeda y su mirada cabila atraviesa el alma como una cuchilla de fuego. Sabe que le estás mirando. Lo siente. Y le encanta. Bajo la ducha colectiva, el agua resbala lentamente por sus pectorales, sus abdominales, por sus muslos poderosos. No habla, no hace falta: cada gota que resbala es una invitación silenciosa. Te mira fijamente, inmóvil, y la tensión se vuelve casi palpable, eléctrica, atractiva. Te quedas sin aliento. Continúa su espectáculo, lentamente, seguro de su poder. Sabe exactamente el efecto que produce en ti. Cuando por fin se acerca, es para dejarte saborear lo que deseabas desde el primer segundo: su polla pesada y perfecta en una garganta profunda, seguida de una intensa follada a pelo en la que cada empujón te recuerda que con Bimacho no se juega a medias. Una producción magistral de Citebeur: iluminación, atmósfera, dos actores sublimes y una química que te pega a la pantalla. La definición misma de la diversión elegante e inolvidable.