En el sótano de Boris, todo es acción pura y dura. Agarra a Issam, un semental árabe caliente con una vena sumisa, y le enseña cómo es una verdadera dominación. Un escupitajo en la cara, una lengua sucia en el agujero y empieza la acción intensa. Sin lubricantes, sin comodidades, sólo sexo callejero en el que el pasivo lo recibe como si estuviera hecho para ello.